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Orquesta Sinfónica Penitenciaria
Elio Gómez Grillo
Aún tengo enrojecidas las manos por los aplausos que con tanta satisfacción le tributé a las impecables ejecuciones que acaba de ofrecer en su concierto inaugural la Orquesta Sinfónica Penitenciaria de Venezuela, en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño.
Es una orquesta constituida por 161 artistas –incluido un extraordinario grupo coral– que son internas e internos del Instituto Nacional de Orientación Femenina (Inof) de Los Teques, del Centro Penitenciario de la Región Andina, de Mérida, y del Centro Penitenciario de Occidente, de Táchira.
En la organización de esta agrupación musical han intervenido el Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia, el Sistema Nacional de las Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, y la Asociación Civil Vía Cultural, que presiden Gustavo Merino, con la asistencia de Miguel Román e Ingrid Barrios.
Este debut obtuvo un éxito clamoroso. Cada interpretación fue premiada con una salva de aplausos, ofrecida de pie por la multitud asistente. La sola presentación de los músicos y del grupo de voces, cubierto cada uno de los intérpretes por el pabellón nacional, ya dignificaban al espectáculo y a los ejecutantes, cuya autoestima se enriqueció con las ovaciones y los gritos de aprobación del público. "Estamos orgullosos de ustedes", era un clamor que se oía, acompañado de otro: "¡Libertad, libertad para ustedes!".
El programa cubrió todas las expectativas y satisfizo todos los gustos. Piezas clásicas y populares, las que abrió el Himno Nacional, que coreamos, emocionados, todos los presentes. Se oyó el Alma lla nera; el golpe tocuyano, con las voces y las cuerdas debidas; Moliendo café, a cargo de una soberbia percusión, acompañados todos por las voces y los movimientos del público. El cierre, con el Himno a la Ale gría, de Beethoven, fue sublime. Y dije cierre y dije mal, porque nadie quería marcharse y se pedía "otra, otra, otra...". Y la orquesta respondió con "otra, otra y otra".
Fue un espectáculo grandioso, nunca visto en Venezuela ni en buena parte del mundo. Un acontecimiento penitenciario inolvidable, histórico, revolucionario. El milagro de la música ennobleciendo, alegrando nuestro triste penitenciarismo.
Que se extienda esta admirable iniciativa y que esa alegría llegue hasta nuestros internos e internas, no sólo el himno beethoveniano, sino en el cuerpo y en el alma de sus vidas.
egogrillo@hotmail.com
(Fuente: Ultimas Noticias, 07.05.08, pág. 55)
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