Ciudadanos
FORMACIÓN Escuela enseña un oficio a muchachos de pocos recursos

Carpintería ayuda a jóvenes a escapar de la delincuencia

El Instituto Artesanal de la Colonia Tovar tiene nueva sede en Guatire 
 
SIMÓN GONZÁLEZ 
sgonzalez@el-nacional.com 

En el sector Castillejo de Guatire, adultos y jóvenes perseveran en su afán de hacer del trabajo una herramienta, no sólo para el sustento económico, sino también para enmendar derroteros. Desde finales de julio, el Instituto Artesanal de la Colonia Tovar abrió su nueva sede para llevar a otras comunidades su experiencia que le granjeó el premio de emprendimiento social del Concurso Ideas 2007.
 
La organización nació en 1989 con el anhelo de que jóvenes en peligro de caer en la delincuencia, producto de la desocupación laboral o de núcleos familiares en problemas, aprendieran el oficio de la carpintería, y recibieran lecciones de fraternidad y disciplina.
 
"Hemos tenido estudiantes que desde los 3 años de edad han estado en hogares del antiguo Instituto Nacional del Menor. Ellos suelen ser agresivos al comienzo de las clases, ni siquiera los puedes tocar.
 
Pero lo maravilloso es que al final del curso se dan abrazos de hermanos. Incluso los últimos meses se olvidan del horario de salida y continúan trabajando porque se entusiasman tanto que quieren vigilar que las piezas salgan perfectas", comenta Jean Carlos Manrique, instructor y egresado del programa.
 
Aunque llena de muchas satisfacciones, para los organizadores la experiencia ha significado nadar contracorriente para que el proyecto no naufrague por falta de financiamiento.
 
La sede original se comenzó a diseñar en 1989, pero fue en 1996 cuando se inauguró la primera etapa de la infraestructura y en 2000 cuando ingresó la primera cohorte de aprendices. Entretanto, siguieron adelante con su proyecto formativo en el Ince de Caricuao. Allí lograron vender piezas fabricadas por los alumnos cubriera hasta 40% de sus gastos operacionales. Pero esa buena senda se truncó cuando la institución gubernamental no renovó el convenio de cooperación en 2005.
 
Un nuevo aliento.
Los equipos que se usaban en Caricuao se guardaron hasta que Chevron terminó de construir el galpón en Guatire como parte de su programa de responsabilidad social.
 
Oscar Carpio, director del IACT, se encuentra ahora optimista. Empezó esta nueva temporada de enseñanza con nueve jóvenes, cuatro de ellos provenientes de la sede del antiguo Inam en Los Chorros, ahora Instituto de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes. "Los que trabajamos aquí lo hacemos por el gusto de saber que podemos ayudar a otros. Esta labor ha hecho que antiguos alumnos se conviertan en nuestros nuevos profesores. Ellos bien podrían estar ganando más dinero trabajando en otros talleres", expresó.
 
William Casanova tiene 16 años de edad y viene de Los Chorros. Es parco cuando se le pregunta sobre su familia, pero se muestra más receptivo a la hora de hablar sobre su aprendizaje en el taller: "Ya había trabajado con la madera antes de entrar aquí, pero ahora vengo a aprender muchas cosas más. Me gusta cómo enseñan y el ambiente que hay entre los demás muchachos".
 
La nueva sede ofrecerá el curso regular de formación, en el que después de dos años de instrucción se convierten en maestros ebanistas. También se imparte un curso de auxiliar, en el que después de cinco meses los aprendices dominan los instrumentos y conocimientos básicos del arte de la carpintería.
 
"Los trabajos de grado de los muchachos han tenido una buena recepción en las exposiciones en las que hemos participado, como la Feria del Ateneo de Caracas, el auditorio de la Colonia Tovar y el Centro de Arte La Estancia", explica José Afonso, quien se formó en los talleres de Caricuao y ahora se dedica por completo a coordinar las actividades del lugar.
 
Afonso resalta que los cursos están abiertos a todo público y aquellos que pueden costearlos a la vez estarían subvencionando a los chicos en situación de riesgo, a quienes no se les cobra.
 
Leonardo Moreno, de 15 años de edad, vive en el barrio El Milagro, cercano al taller, y está entusiasmo con lo que aprende: "Mi papá me dice que no abandone esta oportunidad; que me puede ser útil en el futuro. Y creo que es verdad. Ahora podré hacer piezas para la casa y luego hasta podría ganar dinero".
 
Afonso explica que en adelante se esmerarán para que los productos tengan mayor salida al mercado, a través de las contrataciones de particulares. Está seguro de que la calidad y el precio harán del taller una opción atractiva que le permitirá ser autosustentable.

(Fuente: El Nacional)

 
 
 



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