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Mirtha Reyes contó cómo vivió 197 horas como rehén
“¡Mamá, ‘Los Prams’ acaban de secuestrar la visita en la cárcel!”
A sólo 24 horas de haber recuperado su libertad, tras permanecer 10 días como rehén en el pabellón 2 del Centro Penitenciario de Los Andes, Mirtha Reyes, de 39 años, narró su vivencia. Aquí, su historia.
“Queríamos pedir auxilio, pero estábamos amenazados. Mi hijo me dijo: ‘¡Mamá!, quédese quietecita, no se queje ni murmure, porque si la matan a usted me matan a mí’.
Ese domingo (22 de junio) La rutina era la misma de siempre. Estábamos en los patiecitos de los pabellones, comiéndonos frutas y conversando. Entré a las 10:00 de la mañana y sólo nos quedaban dos horas de visita.
De repente, a mi hijo lo llamó uno de los cabecillas del Pram (líder del penal) y le susurró algo al oído. Él se devolvió, caminado rápido y con cara de amargura. Me agarró la mano y me dijo: ‘¡Mamá!, no vaya a asustarse, pero ‘Los Prams’ acaban de secuestrar a la visita. De aquí nadie sale’.
No logré asimilar lo que me decía. Pensé que me vacilaba. No podía entender cómo esa gente secuestrara a sus propias familias. A los pocos minutos la noticia se regó entre las 200 personas que estábamos allí. Gritos de asombro, lágrimas y miradas de pánico no se hicieron esperar.
El secuestro no fue planificado. Ni los mismos presos sabían que estaba planteado. Al igual que la visita estaban sorprendidos y, en cierto, modo temerosos.
Le pregunté a mi hijo por qué nos hacían ésto y él no me dio una razón. ‘¡Yo no sabía que los secuestrarían mamá! A nosotros no nos dijeron ni nos consultaron sobre ésto’, fue lo único que pudo responderme.
Pasó una media hora, cuando a mi hijo y al resto de los presos los llamaron a reunión para explicarles. Se reunieron durante media hora y ahí le explicaron que quiénes habían organizado y dado luz verde al secuestro masivo era los líderes de los pabellones 2 y 3, conocido entre los reos como ‘Los Prams’, que sólo contaban con apoyo de sus guardaespaldas.
Según lo que le dijeron ‘Los Prams’, fuimos secuestrados como una medida de presión para evitar que se efectuara un supuesto traslado de presos del retén a otras cárceles.
Todo surgió porque, aparentemente, la mujer de uno de los líderes observó una gran movilización de la Guardia Nacional cerca de la cárcel, que le pareció sospechoso, y creyó que se trataba de un posible traslado.
Esos ‘carajitos’, ‘Jerson’, quien con sólo 20 añitos ya es líder del pabellón 2; y ‘Jim’, el mandamás del pabellón 3, decidieron encerrarnos y la intemperie sólo por locuras de su mujer.
La directora del penal y la Guardia Nacional se enteraron de inmediato del secuestro, pero pensaron que era algo pasajero, tanto así que le aseguraron a los presos que no se molestaran, porque no había traslado, sólo cambio de turno entre los guardias.
‘Los Prams’, desde un celular que tenían en las celdas, llamaron y confirmaron con alguien de la cárcel que no se realizaría ningún traslado. Sin embargo, no desistieron de su actitud y cambiaron la razón inicial del secuestro por otra.
En vista que el traslado ya no iba, entonces pidieron que sacaran a la directora del centro, Lisbeth Blanco, porque era una corrupta y ordenaba que los maltrataran a diario.
Caía la noche del domingo y ‘Los Prams’ se dieron cuenta que las autoridades no se pronunciaban. Fue así como a la exigencia de destituir de la directora le sumaron solución para los retardos procesales y el cese de las golpizas propinadas por la GN.
Las esperanzas que teníamos de salir de la cárcel ese domingo se desvanecieron: ‘Los Prams’ llamaron otra vez a los reos y le dijeron que controlara a sus familias, porque si pedíamos auxilio o nos desesperábamos podrían matarnos.
La advertencia fue muy contundente. Ellos (los jefes), ese domingo, se dieron cuenta que al llegar la noche nos empezamos a molestar y nos entró la desesperación. Sabían que si los familiares comenzaban a pedir ayuda, perderían apoyo y las autoridades entrarían a la fuerza. Queríamos pedir auxilio, pero estábamos muy amenazados.
La situación comenzó a ponerse tensa, porque, pese a que quienes estaban ahí presos eran nuestros propios familiares, no podíamos entender cómo nos obligaban a padecer tanta precariedad. Se dormía en cartones o pedazos de colchonetas.
No hubo condescendencia con las embarazadas, ni con los niños. Todos comíamos por igual, cuando había comida, si no pasábamos horas y hasta días de hambre.
El agua potable no existía, sólo había un agua marrón, que se almacenaba en un tanque sucio, con el que hacían la comida, alimentos para niños, aseo personal y para drenar los baños. La insalubridad era total.
Las cosas se fueron empeorando. La comida se agotó y desde el comedor no enviaban nada. Como al cuarto día la electricidad sólo llegaba por dos horas y la cortaron hasta el otro día. El agua también fue restringida. Se vivió el verdadero infierno.
Ante la escasez de comida los guardaespaldas de ‘Los Pram’ mataron varios gatos y se los comieron asados. Ellos dijeron que lo hacían porque no aguantaban el hambre y no podían quedarse sin fuerzas. Sólo pocos rehenes los acompañaron a comérselos.
Ya al pasar los cinco o seis días estábamos resignados a esperar lo que fuera. La Guardia Nacional casi todas las madrugadas disparaba perdigones y lanzaban bombas de humo. Arremetieron contra los internos y rehenes. Nada les importó.
Nuestras almas volvieron al cuerpo cuando los presos que fueron voceros de ‘Los Prams’ regresaron de la reunión con los voceros del Gobierno nacional y nos informaron que llegaron a cuatro acuerdos inquebrantables, que les beneficiaban y que el secuestro se daba por terminado.
Entonces, aplaudimos, gritamos y lloramos todos de la alegría. Parecía un sueño el escuchar que éramos libres nuevamente, aunque la felicidad nos dura muy poco porque, antes de salir, los hombres de ‘Los Prams’ nos dijeron que no habláramos más de la cuenta, porque podríamos pagar caro, incluso con sangre, nuestra imprudencia”.
(Fuente: http://www.panorama.com.ve/panodi/441049.html
Diario Panorama
3-7-08
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